Miami (Florida), Julio 21 de 2.013

TESTIMONIO

Me llamo Jaime Oswaldo Díaz Vargas y vengo de Barranquilla, Colombia, ante ustedes mis amigos y hermanos de CANAAN, ante Lucía mi esposa, Oscar Iván el menor de mis hijos, Luisa Carolina mi nuera y Luciana mi nieta; quiero dar testimonio de lo que Dios ha hecho en mi en estos últimos meses y de la manera tan impresionante como mi vida ha pasado de la más absoluta oscuridad hasta la felicidad más grande que ha sido poder recuperar mi familia, recuperar mis bienes producto de 35 años de trabajo y, lo más importante de todo, haber aprendido a vivir cada día de la mano de Dios nuestro padre y señor, como nunca antes lo había hecho

La historia se remonta al mes de mayo del año 2.000, fecha en la que cometí adulterio y en la que pensé que todo seria fácil de manejar y que no sería más que algo pasajero que no se repetiría. Pero no fue así, un mes después con el pretexto de felicitarme por mi cumpleaños recibí una llamada telefónica de la persona Con quien cometí adulterio en la que me decía: “a que le tienes miedo” y desde ese momento y por los siguientes 13 años,  por más que en repetidas oportunidades lo intente, no pude acabar con esa absurda relación.

Lo que mal empieza mal termina y esa relación, aunque fue muy larga,  nunca funcionó. Al igual que muchos adúlteros, pensé construir mi felicidad con otra persona sin pensar en el daño tan grande que le estaba haciendo a Lucía y a mis hijos. Tampoco me detuve a pensar el daño que le hacía al esposo y al hijo de la persona que vivió conmigo esta locura.

De manera irresponsable abandone una empresa familiar construida por Lucia y por mi y que genera empleo a 25 personas, es decir,  25 familias además de la mía y la de mi hijo menor Oscar Iván reciben su sustento diario de esa empresa y yo de manera irresponsable puse en peligro la estabilidad de todas ellas.

Día a día fui entrando en la más terrible oscuridad. Me aleje de mi familia, de mis amigos y de Dios.

De un momento a otro empezó a molestarme el sol y supuestamente por esto, mande a polarizar los vidrios de mis carros. Salir a la calle y que me vieran con ella era un suplicio porque me daba vergüenza y mi salud se deterioró hasta el punto de sufrir enfermedades físicas y mentales que ya no quiero recordar.

En pocas palabras, del hombre de carácter fuerte y serio en el manejo de su vida pública y privada y que siempre quiso ser modelo de vida para sus 2 hijos ya no quedaba nada.

Afortunadamente para mí, en el juego de mi vida aún había esperanza y me faltaba la última carta por jugar. Mi hijo mayor Jaime O y su esposa Cathy asisten a la Iglesia AMMI en Barranquilla y él siempre me dijo: Papi, tus cosas están mal y siempre seguirán empeorando porque tu estas muy alejado de Dios. Acércate a Dios y todo en tu vida mejorará. Acompáñame a mi iglesia y escucha las prédicas que con toda seguridad algo bueno saldrá para aplicar en tu vida”.

Por tradición familiar yo pertenezco a la iglesia católica pero siempre he sido de aquellos católicos que buscan una iglesia cerca o lejos de la casa porque lo importante es que la misa sea corta así no se entienda nada. Además, resulta muy cómodo ” pecar –  rezar y empatar” que, en mi concepto, es lo que desafortunadamente aplicamos.

A sus invitaciones Siempre respondí que asistir a una iglesia cristiana me hacia sentir infiel con la mía y por consiguiente me generaba una culpa más sobre mi espalda y no era capaz de cargarla.

Yo fui fumador por 16 años y hace 23 deje de fumar pero hace 3 años me diagnosticaron un EPOC, soy  hipertenso, tengo artrosis en las manos y mis riñones producen cálculos en cantidades anormales.

En diciembre pasado, estando interno en una clínica acompañado por mis hijos y una noche por Lucía, acepte la invitación que mi hijo me hizo para que lo acompañara a su iglesia por 3 meses y empecé a asistir en el mes de Enero.

En los días de Navidad y los primeros días de Enero vi que en mi familia yo hacia muy poca falta. Lucía se había ido de vacaciones con sus hermanas, mis hijos compartían con sus esposas y sus familias y yo me encontraba sin amigos y en la más absoluta soledad porque había tomado la firme determinación de  acabar con la relación adúltera que vivía desde hacía tantos años.

En la parte económica desde hacía casi 2 años había entregado a Lucía y a mi hijo Óscar Iván el manejo absoluto de la fábrica y me di cuenta que él había asumido las funciones que yo desarrollaba y con la ayuda de Lucía estaba haciendo muy bien su trabajo. Para resumir, mientras Lucia crecía y disfrutaba de la compañía de nuestros hijos, yo estaba solo y  absolutamente destruido.

El 27 de febrero pasado como a las 11 de la noche, recibí de mi hijo mayor un correo dirigido a Lucía y a mi, donde nos decía que nos estaba enviando un video titulado “Testimonio de Jaime y Liliana García” y que resumía la historia de un pastor Cristiano muy cercano a Cathy su esposa, que había destruido su matrimonio por adulterio y que no sabía por que razón nos lo estaba enviando pero que esperaba que nos sirviera de algo.

Ni ella ni yo pudimos verlo en la noche. A la mañana siguiente llame a Lucia y acordamos verlo en la fábrica a primera hora. Al programa de verlo se unió nuestro hijo Óscar Iván.

Al ver ese testimonio sentí algo que jamás había sentido.

Era ver la historia de mi vida contada por otra persona. Al oír a Lili contar todo su sufrimiento entendí el dolor que le había causado a Lucía y a mis hijos y me sentí el más miserable de todos los miserables. Llore como nunca y desde ese día lloro todos los días de ver el daño que causé a las personas que amo. En quien más pensaba era en Óscar Iván porque a él le había tocado vivir todo el proceso y lo obligué a ocupar mi lugar en la casa y en la fábrica desde muy temprana edad.

Cuando logré calmarme un poco, me encerré en mi oficina y llame a mi hijo Jaime O y le dije: “yo necesito una cita con ese señor. No se quien es pero siento que lo conozco desde hace mucho y creo que me puede ayudar”. Mi hijo llamo al pastor de su Iglesia, Iván Delgado y él, por aquellas cosas que uno no puede explicar, se encontraba en Miami y tenía cita con Jaime en esa semana. Ellos se encontraron, el pastor Iván le contó nuestro caso y Jaime aceptó recibirnos en el momento en que nosotros pudiéramos venir a Miami.

Lo difícil fue que yo me estaba olvidando solo de un detalle. Así como para pelear se necesitan dos personas, para arreglar un problema también se necesitan dos y yo no había tenido en cuenta a Lucía. Solo hasta después de haber logrado la cita con Jaime le pregunté a ella si me quería acompañar y, gracias a Dios, ella acepto vivir conmigo la que consideramos que era nuestra última oportunidad.

Para poder venir a Miami por casi 3 semanas y en un programa de Urgencia, se necesita primero que todo poder contar con el apoyo de las personas que nos rodean y para esto fue fundamental la ayuda de nuestro hijo Oscar Iván. Él se hizo cargo de atender la fábrica, las cosas de la Finca y de manejar nuestros asuntos económicos, de manera que para nosotros la única preocupación fuera nuestra restauración.

Llegamos a Miami el 19 de Marzo y nuestra historia en Canaán se inició el viernes 22, fecha en la que conocimos a Jaime y cuando él nos dedicó toda la mañana para oír nuestra historia. Ese día por primera vez confesé mi pecado ante Jaime y vi  como Lucía lloraba con cada una de mis palabras. Al terminar mi confesión,  entendí que Dios me había perdonado y que yo tenía que trabajar muy duro para lograr el perdón de Lucía, de mis hijos, de mis nueras, de mis nietos y de muchas personas a las que con mi pecado les hice daño.

En las clases de los sábados, las reuniones de apoyo de hombres y las reuniones de apoyo de mujeres nos dieron las herramientas para irnos a Barranquilla a trabajar por nuestra restauración. Aprendimos a orar todos los días, a trabajar en nuestro diario y a entregar todos los días las acciones del día a Dios.

El 24 de marzo, fecha muy especial para la familia de Canaán porque se reunían para celebrar el cumpleaños de Jaime, los conocí a Ustedes y hoy estoy nuevamente aquí para contarles que estoy feliz, que mis lágrimas son de alegría, que Lucía y mis hijos me han perdonado, que todos los días siento el amor de Dios en las manifestaciones de cariño de Lucía, de mis hijos de mis nueras y de mis nietos; que en los últimos 4 meses he hablado con mi hijo Óscar Iván mucho más que en los 10 años anteriores, que puedo mirar a los ojos a todo el mundo porque mi vida es transparente y que el próximo viernes 26 de julio a las 5 de la tarde renovaremos nuestros votos matrimoniales en una ceremonia presidida por Jaime y Liliana en un lugar que no podía ser sino Canaán; que mi nieto mayor, Samuel, portará las argollas y mis dos hijos me entregaran a Lucía para amarla y respetarla hasta el último día de mi vida.

Yo se que en este lugar hay muchos hombres buscando la oportunidad que Dios a mi me ha dado y otros tantos que habiéndola recibido, no la han aprovechado. También se que hay muchas Lucias esperando que sus esposos me escuchen como un día yo presté atención a todos los detalles del “Testimonio de Jaime y Liliana García” y lo único que puedo decirles es que nosotros somos una muestra de que si “Hay Esperanza”; que no es fácil, pero que cuando existe Verdadero Arrepentimiento y se acude al Camino de Dios, es posible lograrlo. También quiero decirles que soy absolutamente consciente que esto que hago hoy solo es un paso en el largo camino de la restauración porque el daño causado fue muy grande.