En la primera parte de este artículo sobre el gozo expliqué qué es el gozo y su importancia en la vida de todo ser humano; describí también que todos los seres humanos hemos experimentado situaciones dolorosas y las continuaremos experimentando y que el gozo es lo que nos da la capacidad para enfrentar ese dolor.

Quisiera en esta segunda parte compartir un momento inolvidable en mi vida:

Recuerdo cuando confesé mi pecado de adulterio por primera vez.  Había pasado varios días encerrado, totalmente aislado, llorando, no hallaba refugio para apagar mi dolor.  Tenía una condenación tan grande sobre mí, la culpa y la vergüenza me estaban matando, al punto que el suicidio estaba dentro de las alternativas que estaba considerando para apagar ese dolor tan fuerte.

Gracias a Dios, hubo alguien que estuvo dispuesto a bajar al fondo del pozo en el que me encontraba, en el que yo mismo me había metido.  Esa persona fue Mickey Evans.  Ese hombre me escuchó durante varias horas, me amó, no me condenó, no me predicó, sino que lloró conmigo y me invitó a abrir totalmente mi corazón al Señor y decirle claramente la manera como me sentía.  Se involucró profundamente con mi dolor, me abrazó y no me trató como el leproso que en aquel momento era ante los ojos del mundo.

Eso era precisamente lo que yo necesitaba en ese momento; alguien que fuera una manifestación de la gracia de Dios a mi vida.  Necesitaba de alguien que me dijera que todo iba a estar bien si no huía de Dios y que me tomara de la mano y caminara conmigo hacia la salida del pozo.  Recuerdo que me animó diciéndome: “Jaime, si confiesas tu pecado, Dios es fiel y es justo para perdonarte tus pecados y limpiarte de toda maldad.”  Ese fue el primer paso hacia mi sanidad y libertad.

Lo que experimenté con Brother Mickey se llama gozo.  Una persona que, a pesar de la confesión tan terrible que estaba escuchando, decidió demostrarme que me amaba y que no me iba a rechazar, sino que iba a caminar conmigo en un proceso de restauración y sanidad de todas las heridas que había causado a mi familia y a mí mismo.

Pero es triste ver cómo muchas personas que no conocen la verdadera gracia de Dios, añaden condenación y culpa a la condenación y dolor de aquellos que están sufriendo.  Días después de ese momento con Brother Mickey, confesé mi pecado a otras personas y lo que recibí a manera de respuesta fue más condenación y vergüenza a través de amenazas, muchas de ellas “sustentadas bíblicamente.”  Recuerdo escuchar cosas como “la Biblia dice que las consecuencias del adulterio son…”, “claro, todo esto te está ocurriendo por ser un desobediente… un rebelde…”.  Aclaro algo, todas estas son verdades que yo conocía perfectamente, pero no me eran suficientes para enfrentar mi dolor y cambiar.

Querido lector, te invito a que busques personas que puedan ser instrumentos de gozo en tu vida.  Personas que, a pesar de todo lo que saben de ti, tengan suficiente gracia disponible para darte, que no te condenen, sino que te amen lo suficiente como para caminar contigo a través del dolor y/o de las consecuencias de tu pecado.  Personas con las que puedes ser totalmente honesto, con las que puedes abrir tu corazón de par en par y te amarán a pesar de todo.   Estos “instrumentos de gracia”, junto con una relación muy honesta e íntima con Dios, te darán la capacidad para enfrentar cualquier situación difícil que estés viviendo.  Yo soy un testimonio vivo de esta verdad.

Lectura recomendada:

El modelo de Vida:  Viviendo según el corazón que Jesús te ha dado.

 JAIME GARCIA