¿Te has sentido alguna vez indigno de acercarte a Dios y pedir sanidad? La naturaleza humana nos hace creer que debemos “ganarnos” la gracia de Dios, pero la sanidad que Él ofrece no depende de nuestra perfección ni de méritos acumulados, sino de Su santidad y amor incondicional.
Descubramos juntos cómo Dios extiende Su mano sanadora a todos, sin importar cuán lejos nos sintamos de Su estándar de perfección.
Jesús Sana por Su Santidad, No por la Nuestra
La sanidad en Jesús se recibe no por mérito personal, sino por Su gracia. Efesios 2:4-5 enseña que aunque estábamos muertos en pecados, Dios, en Su misericordia, nos dio vida por medio de Cristo.
Esto significa que Dios no nos pide perfección antes de extender Su gracia. La religión a veces nos lleva a pensar que debemos cumplir requisitos estrictos o ser «merecedores», pero el amor de Jesús es mucho más grande que nuestras fallas.
“La gracia de Dios no depende de tus méritos, sino de Su inmenso amor.”
La historia de los diez leprosos (Lucas 17:11-19) muestra cómo Jesús sanó a diez personas y, aunque solo uno regresó a darle gracias, Él no retiró la sanidad de los otros nueve. Esta acción deja claro que la generosidad de Dios no depende de una respuesta humana específica. La fe es suficiente para activar Su poder en nosotros.
En otro ejemplo, la mujer con flujo de sangre (Lucas 8:43-48) demuestra una fe audaz al acercarse a Jesús a pesar de que, según la ley, era considerada impura. Su fe y la acción de tocar el manto de Jesús resultaron en una sanidad inmediata, revelando que Su gracia y poder no son limitados por normas culturales o condiciones físicas. Jesús se enfoca en la fe de la mujer, no en su condición.
Al recibir la gracia de Dios, también tenemos el llamado a vivir en transformación. Romanos 6:1-2 nos advierte de que la abundancia de la gracia no es una licencia para permanecer en el pecado. Al contrario, la sanidad de Dios abre una puerta hacia la renovación completa de nuestras vidas. Como señala el Pastor, la sanidad es un primer paso hacia una vida transformada.
Sanidad Prometida en Cristo
La Biblia nos recuerda que la sanidad es una promesa en Cristo, quien llevó nuestras dolencias y enfermedades en la cruz (Mateo 8:16-17). Esta promesa nos asegura que podemos acercarnos a Dios en nuestras necesidades con la certeza de que Su voluntad es restaurarnos en cuerpo y espíritu. Él promete sanarnos no por lo que hacemos, sino porque nos ama profundamente.
Frases Destacadas
- “Dios no espera perfección, solo fe.”
- “La sanidad de Dios es un acto de gracia inmerecida.”
- “Jesús sana por Su santidad, no por la nuestra.”
- “La gracia de Dios no depende de tus méritos, sino de Su inmenso amor.”
Cierre Práctico
La sanidad que Dios ofrece es un reflejo de Su gracia y Su amor inmenso. No tienes que ser perfecto para acercarte a Él, ni cumplir con un estándar imposible de santidad. Dios solo pide un corazón dispuesto a creer. Si estás buscando sanidad, te invitamos a ver la prédica completa en nuestro canal de YouTube Canaan Church, y a experimentar el poder transformador de Su gracia.